
Es claro que día tras día las nuevas tecnologías se van regenerando. De acuerdo con un estudio realizado recientemente, las tecnologías tienen una duración máxima de 13 meses antes de relegarse al mundo de lo obsoleto. Cabe aquí mirar atrás y preguntarnos qué no hubieran hecho nuestras mamás y abuelitas con una computadora en sus escritorios o simplemente haberse deshecho de aquellas máquinas de escribir en las que era sencillísimo romperse un dedo de lo fuerte que debías presionar las teclas.
Hablando de los libros, el paso hacia la sociedad de la información -creo- nos esta cobrando una que otra lágrima de dolor y varias horas de angustia. Recientemente tuve el problema de no encontrar un libro de la escuela en ninguna librería de las más reconocidas y, dada la urgencia mía por tener ese libro, llegué a pensar en comprar el texto por internet. Lo único que me detuvo fue la desconfianza de mi madre por hacer transacciones bancarias por internet. Finalmente después de buscar hasta debajo de las piedras, logré encontrar el título; sin embargo este hecho me puso a pensar profundamente, aún después de leer lo que Daniel Cassany expone sobre la digitalización de los libros.
Algo que, a mi juicio cobra mucha importancia es la manera en que se comienza a comercializar con estas nuevas tecnologías como formas emergentes de llevar la información más lejos. Diario escucho a gente realmente ignorante del tema decir que en un futuro cercano, todo lo analógico llegará a desaparecer, ¡como si la fotografía hubiera acabado con la pintura!, ¡como si la música grabada eliminase del mapa a la música de concierto". Más equivocados no podrían estar y es lo mismo que plantea Cassany al decir que nos encontramos en una época de transición en la que el soporte digital jamás terminará con el uso del libro físico ya que sus propiedades intrínsecas lo hacen indispensable y único.
Si bien las tecnologías emergentes, especialmente el internet, agilizan el proceso de información, no es posible siempre vivir dependiendo de las nuevas tecnologías día y noche. A propósito de esto, escuchaba en las noticias que actualmente en Afganistan, los grupos fundamentalistas islámicos se mantienen comunicados por métodos rústicos para tomar decisiones terroristas, es decir, optan por la transimisión de datos básica como lo es el enviar mensajes escritos en vez de usar correo e internet ya que de esta forma evitan el reconocimiento de mensajes por la tecnología de punta que utiliza el gobierno estadounidense para detectar dichas comunicaciones. Aquí tenemos otra claro ejemplo de lo que es la batalla entre lo analógico y lo digital. Simplemente creo que este proceso por el que estamos atravesando, es propiamente un ajuste entre lo que hacemos en el mundo físico y aquello que delegamos al mundo virtual ya que así es que decidimos cuál de éstos es mas conveniente y en qué momento de nuestras vidas los utilizaremos.
Finalmente considero apropiado tocar un último punto sobre esta inmensa discusión es acerca de la practicidad. Ciertamente el uso de un e-book parecerá más sencillo para algunos por la practicidad de portar algo del tamaño de una palm o el ahorro de espacio en libreros para resguardar los libros, sin embargo este uso digital elimina el gusto que existe en todo lo ajeno a la actividad propia de leer. Personalmente he comprado varios libros por el gusto de oler las hojas, de sentir la tinta impresa, de sentir una gran satisfacción por ver el papel y el diseño de portada, etc. Leer es parecido al dicho: No importa el fin sino los medios (si, un poco variado del original) pero creo que es mi mejor argumento para sostener que lo que nos espera a futuro es una reinvención de la industria editorial hacia esta convergencia de las nuevas tecnologías.
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