¡Bienvenidos!

Punto número 1: Bienvenidos sean todos a este espacio de discusión y análisis, pero, sobre todo, de expresión. Aquí vacío mis experiencias, pensamientos y sobre todo, el trabajo del día a día que se da en esta jungla de cemento. Espero les guste.



Gracias por brindarnos su tiempo y esperamos esté bien invertido en este, su espacio.


jueves, 24 de junio de 2010

La jungla sobre vias

6:30 de la mañana y la ciudad cobra un aire estudiantil cuando abordo el primer metro que pasa en la estación de Hidalgo. La línea 3 del metro me lleva hasta la escuela, pero este martes todo parece lento y adormilado. ¿Será que soy yo? A pesar de tener más de dos horas despierta como todos los días éste es particularmente pesado.

Como costumbre, no encuentro un lugar para sentarme hasta llegar a Balderas. Pero esta vez, posiblemente por la lástima que influyen mis ojos hinchados, falta de maquillaje y obvia cara de narcolepsia mueve la fibra de compasión que todos tenemos y me deja su lugar en el asiento reservado para mujeres un señor con cara amable y una panza tan prominente que pareciera estar a punto de parir un hijo. Espero que no sea el caso.

El vagón no tendrá más de 50 personas a bordo por ser el primero en la línea y un ambiente de soledad y somnolencia queman mis pestañas, invitando a mis sentidos a sumirse en una pequeña “pestañita” en lo que llego a la escuela. Quizás pueda resistir… al cansancio… a… las… ganas… de…..dorm….ir.

Cerrar los ojos es como atascar la mirada en el infinito. No hay luz y nada sucede por un segundo hasta que la irracionalidad entra en escena y las más locas combinaciones surgen. Monstruos que asaltan un pueblo, extraterrestres visitando tu ventana, volar. Locas e incumplibles, soñar es parte de tu inconsciente pero ¿quién puede pensar en soñar cuando sueñas?

Centro Médico. Gente baja y una bolsa me golpea en pleno rostro cuando una mujer desesperada por bajar no tiene control sobre aquella que pende de su brazo. Una maldición para ella. ¿A caso tenía el derecho de sacarme de mi ensimismamiento? ¿o tal vez yo la despierto por la mañana? ¿Verdad que no?

El golpe fue rápidamente olvidado al ver la avalancha de gente entrando, mujeres por delante, hombres cuidadosos de no tocar a las mujeres, detrás. Una luz se apagó en el lugar donde estaba y así las caras se sumieron en un remolino de imaginación donde ni los colores entraron. Al estilo de Charles Chaplin, un flashazo de una carrera de elefantes llega a mi mente. No recuerdo más.

Llegando a la estación de Coyoacán, la calle se veía desierta, solitaria sin un clásico perro cruzando la calle al momento de que el tren pasaba por en medio de la avenida principal, Cuauhtémoc. Mis protagonistas, imaginarios, con sus ropas de payaso, nos veían pasar ya que el vagón iba volando a través de los coches, todos pintados de blanco y negro mientras íbamos camino a la escuela.

Un segundo cabeceo me hizo regresar a la realidad, mientras mi cuello crujía con toda su fuerza al percatarse que una señora de cabello blanco y pronunciadas patas de gallo nos daba miradas a los que íbamos sentados en los espacios reservados para gente mayor, esperando a que le cediéramos el lugar, pero mi cansancio sólo me dio oportunidad de ver al chico bien vestido levantarse e invitarla a tomar su lugar en el asiento.

Cuarto oscuro, ¿el metro se había quedado sin luz? O tal vez fue mi cerebro el que perdió la luminosidad en el instante en que no veía ni escuchaba nada. Un bebé llora. Señora, ¿puede callar a su niño? ¡Hay gente tratando de dormir aquí! El bebé se acerca, no lo veo, pero sé que está ahí, llorando. Pasa rápido como el sonido de un coche que te rebasa. Un ligero grito y, claramente estaba dormida cuando el metro paró abruptamente pues ahora el niño lucha por levantarse del piso mientras su mamá también cayó debido a la fuerza de inercia.

Copilco. ¿En qué momento pasé Miguel Ángel de Quevedo? Ahí suelo venir un par de veces al mes a comprar libros de todos tipos. También la conozco por ser la “Glorieta del libro”. Bueno, al parecer puedo mantenerme despierta mientras otra estampida corre a través de las puertas. Uno puede ver jirafas alargando el cuello, cabras empujando por salir, hipopótamos, leones y una que otra hiena riendo con otro igual al descender. De pronto una pequeña ardilla me habla. Se queda dentro del vagón y la jungla tiene lianas y monos escalando árboles. Un rugido de león y la pantera pelea con él. Busco resguardarme detrás de un arbusto. ¿será que buscan comida? No es sencillo escapar de un león hambriento. Corren ligeros los animales pero, ¿leones en la jungla?

“Señorita, ya llegamos a la terminal” la que antes era una mujer deshaciéndose en el asiento de enfrente por estar profundamente dormida, me despierta. Qué cinismo. Sin embargo, le agradezco que me evitara dar la vuelta en el mismo tren. Bueno, finalmente la jungla de sueños se disipará cuando tome la primera bocanada de aire. ¡A correr que ya es tarde para clases! Adiós sueño, te veré en la noche, si puedo dormir.

martes, 22 de junio de 2010

Cuadratín

Bueno, como última entrega de este mes, les presento´digitalmente aquello por lo que hemos trabajado tanto tiempo y tan arduamente:
CUADRATÍN.